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Mostrando entradas de julio, 2026

El Descenso, por Ingrid Volpi

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EL DESCENSO por Ingrid Volpi Nunca supieron cuándo dejó de ser un pueblo y empezó a ser un cadáver que seguía respirando. Las casas permanecían en pie, las ventanas aún reflejaban el amanecer y las campanas de la iglesia continuaban sonando cada domingo, pero nadie recordaba la última vez que un niño había reído sin que, horas después, apareciera una sombra inmóvil junto a su cama. Aurelio era el único sepulturero. Llevaba cuarenta años enterrando vecinos y, con el tiempo, comenzó a sospechar que algunos ataúdes pesaban más al desenterrarlos que al bajarlos a la tierra. No porque hubiera más carne, sino porque algo regresaba con ellos. Cada noche escuchaba pasos alrededor de su vivienda. Eran lentos, pacientes, como si el barro hubiera aprendido a caminar. Nunca abría la puerta. Bastaba con observar la rendija inferior: siempre aparecía una fina línea negra deslizándose hacia adentro, como un humo espeso incapaz de elevarse. Una madrugada decidió seguir ese rastro hasta el cementerio. ...

Los eucaliptos del Monte de la Francesa y el viento del norte, por Willian Araújo

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Los eucaliptos del Monte de la Francesa y el viento del norte Willian Araújo “Hay quienes dicen que el viento norte solo mueve las hojas de los árboles. Pero los viejos vecinos de Colón saben que no es así. Ellos aseguran que, antes de llegar al Monte de la Francesa, ese viento cruza el océano, recoge una antigua promesa en las costas de Francia y la trae de regreso para que el amor nunca sea olvidado.” Nadie sabe cuándo comenzó la leyenda. Los más ancianos afirman que nació con el primer eucalipto. Otros dicen que fue el propio viento quien la susurró por primera vez. Pero todos coinciden en una sola cosa. Cuando el viento norte sopla entre los árboles del Monte de la Francesa, el tiempo deja de existir. Muchos años antes de que existiera Villa Colón, Juan Bautista Perfecto Giot había llegado solo al Uruguay. Era un hombre de mirada serena y espíritu inquieto. Recorrió aquellas tierras abiertas, observó sus campos infinitos y comprendió que allí podía levantar una villa diferente, un...

"El Afilador." Luizana Fleitas Herrera

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  "El afilador."  https://entreversosynarrativas.blogspot.com/2026/07/el-afilador-luizana-fleitas-herrera.html?m=1 En un pequeño pueblo a las afueras de Canelones, cuando el sol desaparece, las puertas se cierran. No por costumbre. Por miedo. Nadie recuerda cuándo llegó el afilador. Los más ancianos aseguran que ya recorría las calles cuando ellos eran niños. Hoy parece el mismo hombre: unos setenta y tantos años, espalda encorvada, ropa gastada y una bicicleta antigua, oxidada. En una caja de madera lleva tijeras, navajas y cuchillos que chocan entre sí con un sonido seco. Y entonces... suena el silbato. Es una melodía aguda. Extraña. Tan penetrante que parece atravesar las paredes. Si lo escuchás de día, no pasa nada. Pero si suena después de que oscurece... no salgas. No mires por la ventana. No respondas si alguien golpea la puerta. Hace años desapareció un niño que quiso verlo pasar. Su madre juró haber escuchado el silbato detenerse frente a la casa. Del niño nunca volv...

Imprevistos, por Diana Fajardo

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IMPREVISTOS               Por Diana Fajardo   Hace poco visité a mi prima Josefina; había pasado demasiado tiempo desde la última vez que logramos reunirnos como antes. Entre anécdotas, noté en ella esa mirada y esa sonrisa pícara que conozco de sobra. Con un gesto de fingido desinterés, me adelanté a sus palabras:    —¡Otra vez la pelota en la casa de doña María! Aunque... todavía me acuerdo de él.   Sentí el calor subiéndome a las mejillas. Josefina soltó una carcajada.    —No te imaginas la cara que pusiste cuando lo viste. Estás del mismo color ahora. Recuerdo que pensé: «A esta guacha le gustó el muchacho».    —Me da vergüenza recordarlo —admití, algo sonrojada—. Quizás se dio cuenta de todo. Me quedé petrificada, sin saber qué decir; solo atinaba a mirarle las manos. Era lindo —añadí con una sonrisa tímida—. Creo que fue un flechazo, Jose.    —Claro que me acuerdo —procedió ella con tono burl...