Imprevistos, por Diana Fajardo
IMPREVISTOS
Hace poco visité a mi prima Josefina; había pasado demasiado tiempo desde la última vez que logramos reunirnos como antes. Entre anécdotas, noté en ella esa mirada y esa sonrisa pícara que conozco de sobra. Con un gesto de fingido desinterés, me adelanté a sus palabras:
—¡Otra vez la pelota en la casa de doña María! Aunque... todavía me acuerdo de él.
Sentí el calor subiéndome a las mejillas. Josefina soltó una carcajada.
—No te imaginas la cara que pusiste cuando lo viste. Estás del mismo color ahora. Recuerdo que pensé: «A esta guacha le gustó el muchacho».
—Me da vergüenza recordarlo —admití, algo sonrojada—. Quizás se dio cuenta de todo. Me quedé petrificada, sin saber qué decir; solo atinaba a mirarle las manos. Era lindo —añadí con una sonrisa tímida—. Creo que fue un flechazo, Jose.
—Claro que me acuerdo —procedió ella con tono burlón—. Cuando llegamos a casa no parabas de preguntar cómo se llamaría o de decir lo guapo que era. — Tras un breve silencio, preguntó—: ¿Y no lo volviste a ver?
—Solo una vez, a lo lejos, un par de días después. Luego, nada más. Han pasado ocho años y ni siquiera sé qué fue de su vida.
Semanas después de aquel encuentro, el recuerdo del hombre seguía dándome vueltas; su paradero era un enigma que mi timidez me impedía investigar. Sin embargo, un día, conversando con Rosita —una prima mayor de mi padre—, me animé a mencionar al misterioso caballero. Ella me miró con una mezcla de pena y reconocimiento.
—Mijita, ya sé de quién hablas. Ese muchacho era primo de Juan, el vecino que vive a dos cuadras de tu casa.
—¿Ah, sí? —pregunté entre la ilusión y el desconcierto—. Jamás supe que eran parientes. Lo vi apenas unos días; pensé que era un vecino nuevo.
Jugueteé con un mechón de mi pelo, sumida en mis propios pensamientos.
—Y ahora... solo sé que no entiendo nada de lo que pasó.
Al notar que Rosita evitaba mi mirada y buscaba el suelo, me puse alerta: —¿Rosita? ¿Pasa algo?
Ella apoyó suavemente la mano en mi hombro y bajó la voz:
—Mijita... ese muchacho murió hace seis años.
La ilusión se me esfumó más rápido que un destello. En fin... los imprevistos de la vida.

Comentarios
Publicar un comentario
Que tu comentario sume