Roberto: el cínico / Por Sebastián Walch Abete
Se fue Roberto.
Se fue como corría tantas veces: trazando sus círculos, alejándose un poco, volviendo siempre.
Porque ese era su lugar en el mundo: ir y venir, pero sabiendo que acá estaba su punto de regreso.
Lo llamé… y esta vez no volvió.
O tal vez sí.
Tal vez simplemente se fue un poco más lejos de lo que mis ojos pueden ver.
Quiero imaginarlo así: olfateando un suelo nuevo, levantando la cabeza, encontrándose con otros, arrancando a jugar como hacía siempre.
Porque seguro no está solo.
Ahí ya lo deben haber encontrado Popi, Ciro, Omar, José, la Negra y Lisa.
Seguro se atosigan, corren, se persiguen, cambian de roles, como si el tiempo no existiera.
Y yo acá, todavía, llamándolo.
Pero ya no como quien espera que vuelva corriendo por el mismo camino,
sino como quien sabe que hay un lugar más allá donde los encuentros no se pierden.
Roberto, andá tranquilo.
Corré todo lo que quieras, perdete un rato más entre esos juegos que nunca terminan.
Yo, en un ratito, estaré por ahí.
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