Pa, por Valery Lapeyra

  Pa


por Valery Lapeyra 

 1

Hay cuerpos que siguen vivos
pero una tarde el destino
les roba un pedazo de mundo
y cambia el rumbo del camino.

Quedan las fotos colgadas
como ventanas al sol,
y el recuerdo entra descalzo
haciendo ruido en la voz.

Porque la mente es un puerto
donde anclan sin avisar
las escenas más pequeñas
que no volverán jamás.

Una risa entre la espuma,
un verano en el jardín,
unos pasos persiguiendo
la pelota hasta el confín.

Y ahora el aire se hace vidrio,
cuesta respirar después;
la ansiedad es una sombra
sentada bajo la piel.

El futuro tiene dientes,
mastica lento el valor,
y la noche hace preguntas
que no responde el reloj.

A veces duele mirar
a quien parecía eterno,
como un árbol que una tormenta
partió en mitad del invierno.

Y aunque siga dando abrigo,
aunque siga dando luz,
hay silencios en sus ramas
que ya no llenará junio.

Entonces uno comprende
que la vida no es igual:
hay ausencias que se quedan
aunque todo siga en paz.

Pero también hay un fuego
terco, pequeño, interior,
que aprende a andar entre ruinas
sin apagarse del todo.

A veces amar es esto:
mirar el dolor de frente,
sentir que el pecho se rompe
y aun así seguir presente.

2

La noche en un hospital no avanza, se arrastra.

Cruje la silla de plástico cada vez que intento acomodar el cansancio entre la espalda y el miedo. El sueño pesa detrás de mis ojos como una puerta vieja, pero no me atrevo a cerrarla del todo.

Porque tú te mueves apenas, un mínimo sonido, el roce de una sábana, un pitido distinto, y despierto como si el cuerpo hubiera aprendido a vivir en alarma.

Desde el quinto piso solo se ven los autos que siguen pasando. Van rápido, obedientes a los semáforos, persiguiendo horarios, llegadas, rutinas. Ninguno imagina que aquí arriba el tiempo se rompe, que detrás de estas ventanas hay personas sosteniendo su mundo con las manos temblando.

La madrugada vuelve el cielo más claro pero nunca deja de ser gris. Es un gris enfermo, eterno, como si el amanecer también estuviera cansado.

Todo tiene color azul quirúrgico. Las cortinas. Los uniformes. Los guantes. Hasta el silencio parece azul.

Gasas, botones, camillas que van y vienen, ruedas chirriando por los pasillos, nombres pronunciados en voz baja, máquinas respirando por otros.

Y yo aquí, contando las horas en la luz fría del monitor, aprendiendo que amar a alguien a veces significa esto: quedarse.

Aunque el cuerpo duela. Aunque el sueño arda. Aunque el corazón viva encogido cada segundo.

Quedarse viendo cómo la noche se consume lentamente mientras tú respiras y eso, por ahora, es suficiente.

Comentarios