Luz Mala, por Brian Giménez
Luz Mala
Brian Giménez
Siempre me interesó la idea de cazar misterios y resolverlos, para mí, nada es místico, todo tiene una explicación lógica, así fue como cabalgué durante un par de días hacia el interior, había oído relatos de gauchos y comerciantes que por las noches habían avistado una luz que recorría los cerros y praderas, algunos hasta afirmaban que tanto animales como personas habían sido atacadas por esta luz y que por esto le llamaban luz mala.
Al llegar a una estancia, hablé con el dueño en busca de entender este misterio, el dueño contó que cada tanto observaba en la noche, como al horizonte una luz roja emergía, como una esfera luminosa entraba en su estancia a la lejanía, contaba que por el miedo, frente a lo desconocido de esa fuente, no salía sino hasta la mañana y cuando iba a revisar la zona, observaba que parte de su ganado había desaparecido, era algo que pasaba a menudo pero no sabía mas, me indicó que fuera a una región un poco mas al norte donde estaban los charrúas habitando, él suponía que tal vez ellos sabrían algo al haber vivido por la región por mucho mas tiempo que todos los criollos, así partí de nuevo, sobre mi caballo pensaba en que tal vez se tratara de maleantes, al ser de noche, a las lámparas les pondrían filtros rojos que al reflejarse sobre la humedad del aire, quizas brillarían mas, el hecho de que ganado y gente desapareciera podría solidificar esta idea, al menos eso es lo que pensaba.
Al llegar a lo de los charrúas, ofrecí algunos cuchillos y herramientas de metal, entonces fuí bienvenido, les expliqué el motivo de mi llegada y el cacique me habló, contó que eran espíritus, que la tierra era habitada por ellos, algunos son buenos, buscando la protección, mientras que otros, los gualiches, son los que buscan la muerte y destrucción, la luz mala no era mas que la representación de estas almas en el mundo, de que no era sensato acercarse y si no tuviera otra opción, que las enfrentara, pero que supiera diferenciarlas también, la luz blanca suele ser buena, siendo solo un espíritu errante mientras que la roja un gualiche, a estos hay que enfrentarlos con un facón y debe ser con un facón dado a que las armas de fuego son inútiles frente a estas, pero aún así, en lo preferible, trate de defenderme, la defensa trata de realizar un rezo y morder la vaina del facón. Con esto en mente al caer la noche me retiré del lugar, fuí hasta donde se solía apreciar la aparición de esta luz mala y en la zona esperé, dejé atado a mi caballo en un tronco cercano y me senté en un lugar donde podía ver con claridad a mi alrededor, habrían pasado dos horas quizas, la noche era tranquila, hasta que en el horizonte, por un cerrito y entre la maleza, un brillo rojo comenzó a alzarse, cada vez mas brillante, hasta que aprecié como una esfera de luz roja se presentaba en la cima del cerrito, para ese momento no podía dejar mi asombro, el brillo era tal que hasta comenzó a correrme un escalofrío por todo el cuerpo, entonces ví como la luz comenzó a bajar por el cerrito dirigiéndose hacia mí, estaba en una planicie, la luz era rápida, así que no tuve otra que preparar la vaina y mi facón, cuando la luz estuvo quizás a quinientos metros comencé a rezar, entonces la luz comenzó a desacelerar y al estar a cincuenta metros, el miedo me carcomía, pero decidí enfrentar ese miedo y mordí la vaina de mi facón con toda mi fuerza, entonces la luz se frenó a diez metros de mí, definitivamente no era un hombre con una lámpara, era una esfera, emitía luz propia y flotaba en el aire, nunca había visto algo igual, mientras la observaba, esta comenzó a moverse rodeandome, sabía que esto no iba a terminar bien, entonces sujeté con gran fuerza mi facón y cuando ví que la luz fue directo hacia mi a gran velocidad, la ataqué con toda la fuerza que tenía con mi facón, la esfera se partió a la mitad y pasaron ambas mitades volando por mis costados, al ver su interior, pude ver algo que mi mente no podía comprender, el tiempo se ralentizó, no solo me ví a mí en ese instante en una clase de reflejo que había en el interior, sino que me ví a mí en mi infancia, en mi adultez y en mi vejez, vi tanto el pasado como el futuro en un presente, sentí como mi mente se desgarraba mas allá de mi cuerpo, vi más allá de ese instante y al estar mas allá de mi cuerpo vi la verdad, la luz mala no era un espíritu, era una pequeña extensión de un ser mucho mas grande que existe en lo oculto, tan antiguo como el tiempo, se alimentaba de toda alma en cada parte de la creación, fue en ese instante en el que quedé marcado para siempre y antes de que mi mente se fundiera en lo incomprensible de la criatura, en una gracia de misericordia o castigo, fuí devuelto a mi cuerpo en aquel mismo instante en el que destruí la esfera, las dos mitades se evaporaron en una llama azul y yo quedé allí, inmovil, estaba vivo, pero muerto a la vez, tal vez estuve una hora parado en el campo, tal vez dos o tres, cuando me recompuse, sabía que el mundo, era algo meramente insignificante, frente a la inmensidad de lo desconocido, la lógica en lo que siempre había creído, ya no tenía sentido para mí.

Un relato lovecraftiano que lo cambia todo en materia de luces malas
ResponderEliminarEl folklore nacional tiene suficiente potencial como para ir mas allá que el propio relato
EliminarCrecí escuchando historias sobre la luz mala. Ésta es interesante, es metafísica!!
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