26 de mayo, Día Nacional del Libro, por Brenda Castro
26 de mayo, Día Nacional del Libro
por Brenda Castro
Martes 26 de mayo de 2026, departamento de Canelones, Uruguay.
Para las personas que amamos la escritura, los libros y su lectura, cada 26 de mayo se convierte en una esperada instancia de celebración, en una bella excusa para compartir esta pasión y poner en valor el preciado universo de las letras que nos sigue conectando con una de las expresiones más auténticas de libertad: «Parecen dibujos, pero dentro de las letras están las voces. Cada página es una caja infinita de voces»1
¿Por qué 26 de mayo?
En Uruguay, el Día Nacional del Libro se celebra el 26 de mayo con motivo del aniversario de la primera biblioteca pública del país, fundada en el año 1816: la Biblioteca Nacional.
Un año antes, Dámaso Antonio Larrañaga, planteó a través de una carta al Cabildo, la necesidad de crear una biblioteca pública a la que pudiesen concurrir todas las personas que quisieran acceder al conocimiento a través del contacto con los libros. Por su parte, José Gervasio Artigas, le respondió unos días después, expresando su convencimiento en relación a la importancia de esta iniciativa y de su concreción.
Esta primera biblioteca pública, fue conformada entonces a partir de diferentes esfuerzos y aportes colectivos:
“Un aporte interesante para dotar de libros a la nueva biblioteca, llegó a través del legado del presbítero José Manuel Pérez Castellano, ilustre ciudadano fallecido el 5 de setiembre de 1815, quien legó un importante acervo bibliográfico. A esta donación se sumaron los libros aportados por José Raimundo Guerra, los padres franciscanos y el donativo del propio Larrañaga quien ya poseía en aquella época una vasta colección”2.
La primera Biblioteca Pública del Uruguay fue instalada en los altos del fuerte de Montevideo, actual Plaza Zabala. Dámaso Antonio Larrañaga, en ocasión de esta esperada inauguración se dirigió a los orientales de esta manera, contextualizando su discurso en el mes de mayo “mes de feliz auspicio para la América”: “3Toda clase de personas tiene derecho y tiene una libertad de poseer todas las ciencias por nobles que sean. Todos podrán tener acceso a este depósito augusto de ella. (...)Venid todos. Todos encontrareis la más humana y obsequiosa acogida”.
1Mía Couto, Trilogía de Mozambique.
2 https://www.bibna.gub.uy/historia/
3"Oración inaugural que en la apertura de la Biblioteca Pública de Montevideo" pronunciada en 1816 por parte de Dámaso Antonio Larrañaga (1771-1848). Digitalizada por la Biblioteca Nacional de Uruguay.
“Bibliotecas vivas” en la actualidad
En la actualidad, el amor por el conocimiento y por facilitar su acceso a todas las personas, especialmente a infancias y adolescencias, sigue formando parte del espíritu de las “bibliotecas vivas” del mundo que dialogan con comunidades y con nuevas generaciones: ¿Lo leíste? ¿Qué te pareció? Circula también una poética leyenda popular que, en sus distintas versiones, transmite el mismo mensaje: va a llegar a tus manos el libro que necesites leer, son los mismos libros quienes buscan a sus lectoras y lectores. Cercana también a una de las hipótesis más revolucionarias que planteaba Carl Gustav Jung: el concepto de sincronicidad.
Día a día, enfrentamos distracciones que no contribuyen con el acto mismo de leer, ni de escribir: la inmediatez, la luminosidad y las amenidades que ofrecen las pantallas, entre muchos otros aspectos... Se hace imperioso el cultivo de una mirada más reposada y contemplativa, a través de una pausa, del disfrute de un “Tiempo sin tiempo” como escribía Mario Benedetti en la década de los 80’. Desde el espacio sagrado del “tiempo sin tiempo” y la imperiosa necesidad de trascender, vuelve a potenciarse esta pasión literaria que nos acompaña como seres humanos desde la antigua Grecia hasta el presente. Se trata de una pasión que se encuentra situada en un ámbito que le resulta profundamente familiar: el ámbito de la resistencia y de la militancia. Se abrazan entonces escritoras y escritores, maestras y maestros, profesoras y profesores, mediadoras y mediadores, vecinas y vecinos voluntarios de todos los barrios, de todos los pueblos, de todas las comunidades; avanzan alzando en sus brazos una bandera blanca en la que se explicita un mensaje de compromiso: “¡Fomentar el amor por los libros, por la lectura y por la escritura!”. Este es un mensaje poderoso que ha sido bordado con hilos de colores por varias manos, en distintas épocas; trasciende a las personas y a las circunstancias.
El conocimiento, el saber, nos hace más libres y nos permite ampliar nuestros horizontes: “Para viajar lejos no hay mejor nave que un libro”, escribía Emily Dickinson; “Un lector vive mil vidas antes de morir”, afirmaba George R. Martín. ¿Cuántas veces hemos tenido la oportunidad de conocer una ciudad a partir de la descripción brindada por un buen libro? Su aroma, sus colores y sonidos, sus sabores…En lo personal, tuve la suerte de entrar con la imaginación a un teatro de Canelones, décadas antes de poder hacerlo físicamente, gracias a los versos de Atahualpa del Cioppo:
«He de partir un día
sin temor de la muda esfinge de la suerte, sin saber si camino para hallar la alegría
ni saberme andarín sobre tablas de muerte»
*Fragmento de Canción para partir, de Atahualpa del Cioppo, poeta y director teatral (1904 Uruguay, Canelones-1993 La Habana, Cuba).
La lectura como ritual de retorno
Diferentes autoras y autores que analizan a la civilización actual, reafirman la importancia que tenemos como humanidad de retornar a ciertos rituales como “lugares seguros”; rituales que conectan con el sentido de pertenencia, de identidad: sentirme formar parte de una familia, de una comunidad, de una cultura que sostiene en un mundo cargado de incertidumbres. En tiempos de cambio esta re-conexión con el sentido mismo de la existencia, de la vida, no parece ser un tema menor.
Estos rituales se pueden retomar desde la vida cotidiana, a partir de hábitos simples que están al alcance de nuestras manos: buscar algún libro para leer sobre algún tema que despierte nuestro interés; dedicarle tan solo diez minutos de lectura antes de irnos a dormir. Si hay infancias en casa, procurar libros acordes para la edad, realizar lecturas en voz alta, comentarlas; compartir anécdotas de nuestra vida o compartir historias...es probable que este ritual siempre termine con la frase “¡Contanos una historia más!”
¿Ya lo practicás? O ¿Aceptás el desafío de comenzar hoy?
Lecturas de referencia:
-“Oración inaugural que en la apertura de la Biblioteca Pública de Montevideo” pronunciada en 1816 por parte de Dámaso Antonio Larrañaga (1771-1848). Digitalizada por la Biblioteca Nacional de Uruguay.
-Poema “Tiempo sin tiempo”, de Mario Benedetti.
-Canción para partir, de Atahualpa del Cioppo.
-La pedagogía de los sueños posibles, de Paulo Freire.
-El infinito en un junco, de Irene Vallejo.
-La sociedad del cansancio, de Byung-Chul Han.
- Humano, demasiado humano, de Friedrich Nietzsche

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